La manipulación consentida

Desde que el ser humano adquirió la capacidad de razonar, paralelamente, aprendió también a manipular a sus semejantes.

La manipulación surge ante la necesidad de obtener poder sobre los demás; de presentarse ante los demás como elementos indispensables para un buen gobierno, una buena causa, una solución al problema o, en definitiva, la mejor opción para alcanzar el objetivo anhelado. Pero nada de lo propuesto por el sujeto manipulador es cierto. Únicamente son mentiras disfrazadas de medias verdades en el mejor de los casos o, simplemente, afirmaciones y falsas promesas que nunca se verán cumplidas.

Existen diferentes formas de manipulación, aunque solamente haremos referencia a seis ejemplos de las más comunes y trascendentales.

     La manipulación emocional. Donde el sujeto manipulador se vale del afecto, de la relación familiar o fraternal, para llevar a cabo un chantaje emocional con el que conseguir sus propósitos.

     La manipulación laboral o profesional. Donde el sujeto manipulador se vale de falsas promesas o incluso amenazas, para conseguir los favores o la aceptación de sus abusos de poder sobre el sujeto manipulado.

      La manipulación política o ideológica y religiosa. Es aquella en la que intervienen los llamados “poderes de facto”, léase partidos políticos, organizaciones sociales u organismos religiosos, entre los más relevantes, donde la manipulación al personal manipulable viene dada de acuerdo con los intereses de toda índole de dichos poderes fácticos.

      La manipulación comercial o de negocios. En esta clase de manipulación se puede decir que entrarían todos los tipos existentes de manipulación, pues el objetivo principal del sujeto manipulador es obtener el mayor beneficio posible a todos los niveles, prevaleciendo por encima de todo el poder económico. Este tipo de manipulación es la que en general y preferentemente llevan a cabo los lobbies financieros y farmacéuticos.

       La manipulación sanitaria. Posiblemente sea el tipo de manipulación más aberrante, cruel y deleznable. Este tipo de manipulación obedece en un primer orden a la avaricia del “lobby” farmacéutico por obtener grandes beneficios a costa de la salud de la población si es preciso, mediante la puesta en el mercado de supuestas medicinas o elementos fitosanitarios que, lejos de cumplir con lo propugnado actúan contrariamente, provocando mayores daños y enfermedades, anunciándolo si cabe como productos beneficiosos e inocuos para la salud. Y a pesar de las denuncias hechas públicas sobre los graves efectos secundarios de dichos medicamentos o herbicidas, se siguen comercializando al amparo de leyes injustas, convenientemente legisladas por la clase política corrupta. Como ejemplo de algunos de dichos medicamentos y herbicidas, declarados por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) y dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se detallan cinco pesticidas como cancerígenos «posibles» o «probables», publicado en un sumario con las evaluaciones finales en la revista The Lancet Oncology en el que se detallan los hallazgos de los investigadores de la agencia. Entre dichos productos herbicidas cabe destacar el glifosato (sustancia activa del Roundup, uno de los herbicidas más vendidos), así como los insecticidas diazinón, malatión, tetraclorvinfos y paratión, clasificados como «probablemente cancerígenos para el ser humano”. En el apartado de los medicamentos, la lista de los medicamentos con sustancias químicas que causan cáncer es mucho más extensa. En este caso, la IARC, publica una extensa lista de sustancias químicas utilizadas en diferentes medicamentos que provocan cáncer, entre las que cabe destacar las siguientes: el busulfán, clorambucil, ciclofosfamida, etopósido, la combinación de etopósido con cisplatino y bleomicina, también melfalán, semustine, tiotepa, adriamicina o doxorubicina, carmustine o BCNU, cisplatino, dacarbazina, nitrosourea, mostaza nitrogenada y procarbazina, el azatioprine y la ciclosporina, la fenitoína, y una extensa lista casi interminable.

      La manipulación del sistema judicial o legal. Este tipo de manipulación es la más peligrosa socialmente, pues puede llegar a eliminar derechos inalienables del ser humano en favor de los intereses de los poderes fácticos, alterando el sentido primordial de la Ley, que es hacer justicia y proteger al indefenso. Al respecto y como ejemplo, asistimos a la creación de leyes contradictorias y de difícil o confusa interpretación por parte de los jueces, dejando a éstos la interpretación personal de la misma, lo que conlleva a dictar sentencias totalmente opuestas dependiendo del juez que la interprete, lo cual da lugar a favoritismos ideológicos o de otra índole, sin olvidar que el Poder Judicial está compuesto por los magistrados elegidos por el Poder Legislativo, es decir, por los políticos.

 Después de repasar el pequeño resumen que acabamos de hacer sobre las seis maneras más comunes de manipulación existentes hoy día, podemos afirmar que la manipulación de cualquier tipo no es posible sin la mentira.  Y si malo es vivir en la mentira, peor es permitir ser manipulado por una gran mentira.

 Ejemplo de todo lo anteriormente expuesto lo encontramos en el consumo diario de alimentos que han sido tratados con pesticidas u otros elementos químicos perjudiciales para la salud, o en elementos de uso cotidiano, como puedan ser los teléfonos móviles o más recientemente los coches eléctricos. A este respecto, la mayoría del público desconoce el procedimiento necesario para la obtención del cobalto, material imprescindible del que están compuestas las baterías eléctricas, ya sean de los teléfonos móviles, los ordenadores o de los automóviles eléctricos. El público no es consciente de que, la mayor parte del cobalto existente en el mundo se extrae en África, en la República Democrática del Congo, por hombres, mujeres y niños en su mayoría, quienes excavan con sus manos o con herramientas muy básicas, durante largas jornadas de trabajo, muchas veces a más de 300 metros bajo tierra corriendo grandes riesgos de derrumbe, sin ninguna medida de seguridad, y por cuyo trabajo y esfuerzo apenas cobran dos dólares al día. Pero casi ningún medio se hace eco de esto. No sea que el público tome consciencia y exija medidas que provoque recortes en los beneficios de las grandes multinacionales del sector.

 Pero lo malo, no es que no se conozcan las mentiras y las manipulaciones llevadas a cabo por los lobbies y los poderes fácticos, lo peor de todo, es que no hay nada más fútil e infructuoso que vivir aceptando la mentira y la manipulación, o lo que es lo mismo: vivir en una manipulación consentida.

 

© 2023 José Luis Giménez

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